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Los soldados polacos no fueron invitados a los desfiles de la victoria que se celebraron en 1945 en Moscú y en Londres, lo cual era la prueba de que las grandes potencias trataban a Polonia más bien como objeto en las relaciones internacionales y no como socio. No obstante los aliados occidentales, muchas veces, subrayaron el heroísmo y la perseverancia de los soldados polacos, así como el hecho de que Polonia había sido un aliado valioso perteneciendo, por lo tanto, al grupo de los vencedores. Muchos polacos creyeron -y siguen creyendo -que fue una "victoria amarga", ya que el estado que surgió después de la guerra estaba subordinado a la Unión Soviética. A pesar de todo, nadie tiene dudas de que fue un deber luchar y todos rinden homenaje a los que efectivamente hicieron.
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